La minería de oro y plata en el cerro de La Atalaya
El
patrimonio histórico-minero de la vertiente septentrional del Sistema Central ha
pasado prácticamente desapercibido en las últimas décadas, quedando eclipsado
por otros grandes yacimientos de ambas vertientes que sí que han atraído la
atención de los investigadores, como Hiendelaencina-La Bodera (Menor Salván et
al., 2005; y Layuno Rosas, M. A., 2014), Otero de Herreros (Salas Álvarez et
al., 2014; y Lozano Otero y Puche Riart, 2011), Bustarviejo (Jordá y Jordá,
2011) y, más recientemente, San Rafael (Chamorro Villanueva, 2018; y Díez
Marcelo y García Criado, 2020).
La importancia de labores mineras como las presentes en las inmediaciones del cerro de La Atalaya no radica tanto en el volumen de explotación como en su significancia patrimonial a nivel regional y su relación con importantes personajes históricos y naturalistas de la talla de William Bowles o Salvador Calderón.
CONTEXTO GEOGRÁFICO Y GEOLÓGICO
El
cerro del Atalaya forma parte de una de las alineaciones secundarias paralelas
al sector central de la vertiente segoviana de la sierra de Guadarrama (Sistema
Central Español). Esta cuerda, con alturas comprendidas entre los 1500 y 1700
metros y paralela a la principal línea de cumbres de la sierra (picos de El
Reventón, El Cancho, La Flecha y Puerto de Malagosto), está coronada por los cerros
de La Atalaya (1646 m), Las Cardosillas (1636 m) y La Asperilla (1641 m), dentro
del Parque Natural de la Sierra de Guadarrama. Administrativamente, se reparte
entre los términos municipales del Real Sitio de San Ildefonso, Palazuelos de
Eresma, Trescasas y Torrecaballeros, en el sector centro-meridional de la
provincia de Segovia, a menos de 10 km de la capital de provincia.
Desde
el punto de vista geológico presenta materiales y estructuras del Macizo
Ibérico, concretamente de la Zona Centro-Ibérica (dominio del Sistema Central y
subdominio de los pliegues verticales), sector caracterizado por series
pre-ordovícicas con metamorfismo varisco, intruidas por granitoides
tardivariscos del batolito del Sistema Central (al sur del cerro, en las inmediaciones
de La Granja). En la cuerda de La Atalaya, específicamente afloran ortogneises
glandulares con intercalaciones puntuales de rocas paraderivadas (paragneises,
rocas de silicatos cálcicos y mármoles). Dichas unidades están surcadas por una
red de fallas variscas reactivadas durante el ciclo alpino a favor de las
cuales discurrieron fluidos hidrotermales que darían lugar a filones de cuarzo con
direcciones NE-SO y complejas mineralizaciones con As, Ag, Pb, Cu, Fe, Zn y Sn semejantes
a las descritas en Bustarviejo y Moralzarzal (García et al., 1999) que fueron
estudiadas (aunque no en profundidad) durante la realización del mapa
metalogenético de Segovia. El mineral más abundante es la arsenopirita,
que aparece acompañada usualmente por pirita y calcopirita y, en menor
proporción, por galena, blenda, scheelita y casiterita .
Según las fuentes documentales, en muchas de las concesiones el mineral explotado (dejando a un lado la abundante arsenopirita) era la galena argentífera, indistinguible a simple vista en las escombreras y los filones mineralizados. Sin embargo, no existe registro alguno de las leyes de plata y oro encontradas durante la explotación de las minas ni de su rentabilidad económica, posiblemente muy escasa o nula. En otras concesiones denunciadas como de hierro, cabe la posibilidad de que los dueños las hicieran pasar por minas de este metal para evitar las ingentes tasas con las que se cargaba a las explotaciones de plata y oro a mediados del siglo XIX.
WILLIAM BOWLES Y EL FILÓN AURÍFERO DE
LA MATA
En
1775 William Bowles publicó su famosa “Introducción a la Historia Natural y
a la geografía física de España”. En el capítulo sobre el Real Sitio de San
Ildefonso y sus alrededores cita los filones de cuarzo del paraje de La Mata, al
noroeste de La Granja. Aprovecha este apartado para especular sobre su origen, presentando
una adelantada hipótesis en la que asocia la formación de los filones con
fluidos acuosos:
“…a corto trecho fuera
del Sitio, en el parage que denominan la Mata, y á pocos pasos del almacen que
dicen de la pólvora, nace una vena de Quarzo que sale fuera de tierra, y corre
derecha de Medio-día á Norte por espacio de media legua, hasta entrar y
perderse en la montaña de enfrente. Yo corté un pedazo de este Quarzo de unas
seis libras junto á dicho almacen, porque me pareció mui curioso é instructivo.
Es medio transparente, y casi tan fino como un christal de roca. Forma á modo
de una faxa ó cinta de quatro dedos de ancho entre dos listas ó caxas de otro
Quarzo mas obscuro. Siguiendo la beta, hallé algunos pedazos del mismo Quarzo
cubiertos de christales regulares de roca de color de leche. El Quarzo, según
mi opinion, se forma de una tierra blanda que acarréa el agua, y quando esta
tierra está mui sutilizada, y forma quillas de Quarzo alechado y christalizado
como las del pedazo que corté de esta mina, que conservo por mui curioso. (…) que
sepa que esta casta de betas es de las que los Mineros llaman betas nobles.
Ahora resta decir de qué metal está preñada esta mina; pero como yo no he
tenido tiempo ni proporcion para ensayarla, me contento con conjeturas, y por
ello infiero que es una mina intacta de oro. En caso de beneficiarla, se deberá
hacerlo por amalgame con el azogue, como se hace con la mayor parte de las del
Perú, y con múchas de las de Nueva-España; porque por fundicion seria acabar de
destruir la poca leña que queda en aquellos montes…”
(Bowles, 1775).
El
paraje referido por Bowles ocupa toda la extensión del cerro de La Mata y su
ladera noroeste hasta la orilla del actual embalse del Pontón Alto (junto a La Granja de San Ildefonso). En lo alto del cerro,
se sitúa la antigua Casa de la Mata, actual Centro Nacional de Recursos
Genéticos de Valsaín. Allí, aún puede distinguirse el filón de cuarzo con
dirección SW-NE descrito por Bowles, que condiciona el relieve positivo del
cerro; sin embargo, al contrario de lo indicado por el célebre naturalista, no
parece tener mineralizaciones de interés económico.
En
el año 1910, D. Salvador Calderón publica su famosa obra “Los minerales de
España” en la que, de nuevo, cita los llamativos filones de cuarzo presentes en
las inmediaciones de La Atalaya: “los de
la Atalaya de San Ildefonso, en la sierra de Guadarrama, se extiende á 2 1/2
km.” (Calderón, 1910). Lo más posible es que, ambos autores recibieran
noticias de los filones por la gran afluencia que tenía por aquel entonces La Granja,
que albergaba tanto el Palacio Real como la Real Fábrica de Cristales y era un
importante sitio de veraneo entre la clase burguesa.
PRIMEROS EPISODIOS DE ACTIVIDAD
MINERA
Al contrario que en otras regiones de la vertiente opuesta de la sierra (Bustarviejo, Moralzarzal, Robregordo y La Acebeda) en las que hubo una intensa minería argentífera entre los siglos XV y XVIII, en las inmediaciones del cerro de La Atalaya la actividad minera no comenzaría hasta la primera mitad del siglo XIX.
La
primera referencia documental a actividad minera en la zona se encuentra en el
Archivo General de Simancas y data de 1631, año en que Pedro Pérez de Carrión (teniente
de tesorero de la Casa de Moneda de Madrid) y Joseph Ruiz de Frías descubrieron
“una mina y beta de alcool y plomo [=galena] y otros metales en
alijares [=baldíos] de esa dicha ziudad [de Segovia], en el zerro
que llaman de las Calderuelas, asomante a Malagosto, por zima del Guijo”.
Fue registrada de acuerdo con las ordenanzas y se mandó que se les proporcionara
la leña que necesitaran para ensayar la mina (Archivo General de Simancas, CCG
LEG 852, Madrid, 23 de julio de 1631). Posiblemente, las labores realizadas en esta
época en las inmediaciones del Alto de las Calderuelas (paraje cercano al
Puerto de Malagosto, aguas arriba de Sietearroyos) han desaparecido, siendo meras
prospecciones carentes de interés patrimonial.
Siglos
después, la consolidación de La Granja de San Ildefonso como localidad y su
crecimiento en paralelo al Palacio permitirían una intensificación de la minería
en la zona y el descubrimiento de nuevas mineralizaciones. En 1827, D. Juan
Alcaraz, profesor de matemáticas “mineralogía o arte de minas e inteligente
en la química” dirigió una carta al rey solicitando la concesión de cuatro
mil reales para descubrir unas minas de oro y plata que había “a poca
distancia de este Real Sitio y parages de la Casa de la Mata inmediato al
Polvorín y junto a las casas arruinadas de Robledo” (Archivo General de
Palacio, A.G.P., 746 Exp.25). Dado que el terreno de La Mata (el descrito por
Bowles) pertenecía a Montes de Valsaín (Real Patrimonio), para emprender
trabajos en esta zona debía contarse con el consentimiento real, para lo cual
el interesado especificó la situación de las minas:
“…como
a distancia de dos tiros de escopeta de este Pueblo, junto al Almacen que dicen
de la polvora, hay una gran mina de oro que en muchos años no se veria agotada
de este precioso metal, si se esplotara: y otra de plata y oro, á la derecha
del camino de Guadarrama entre dos edeficios que hay arruinados, tambien muy
próxima á este Real Sitio: ambas reconocidas por el esponente. Pero la primera
fue descubierta en vida de vuestro augusto aguelo (que en Gloria este) el Señor
D. Carlos 3º, y abla de ella la Geografía Física de España su autor Bowles.”
(A.G.P., 746 Exp.25).
La
carta llegó al rey a través de D. Mateo Frates, “administrador de los Reales
Pinares de Balsain” quien aprobó concederle los cuatro mil reales al considerarlos
una cantidad admisible:
“Habiéndose
enterado el Rey Nuestro Señor de una instancia que ha elevado a sus Reales
Manos D. Juan Alcaraz (…) se ha servido Su Majestad acceder á esta suplica,
conformándose con lo expuesto…” (A.G.P., 746 Exp.25).
Como se verá con posterioridad, las suposiciones de
Bowles convertirían al cerro de La Mata en foco de
especulaciones pese a la falta de evidencias que demostraran la presencia de oro
en este paraje, lo que ya adelantaría D. Mateo Frates al rey en el documento de
1827:
“En
vista, Señor, de esta exposición no puedo menos de hacer presente a Vuestra
Majestad que sin embargo de ser muy arriesgada la empresa ya porque la calidad
del terreno no es el mas aproposito para criadero de estos preciosos minerales…”
(A.G.P., 746 Exp.25).
A
pesar de ello, a través de un documento de 1851 sabemos que D. Juan Alcaraz llegó
a abrir un socavón en el cerro de La Mata y posiblemente otro en las
inmediaciones del cementerio de La Granja de San Ildefonso:
“…en el Reynado del Sr. D. Fernando 7º se hizo en
el punto del Polvorin, una escavacion que despues se mandó cubrir, y otras dos
se hizieron frente á los puntos de la Maquina y Campo Santo (…) no
habiendose solicitado desde aquella epoca terreno alguno (en el cerro de La
Mata) para la esplotacion de minas…” (A.G.P.,
Administración Patrimonial del Real Sitio de San Ildefonso, Caja 13793).
1841: EL DESPERTAR MINERO EN LA
PROVINCIA
“En
el año 1841 se trasmitió a la provincia de Madrid el espíritu minero,
desarrollado con tan buen éxito en el Mediodía de la Península” (Madoz,
1846-1850). Aunque dichas palabras del Diccionario de Madoz sean
referidas a la provincia de Madrid, Casiano de Prado asoció esta fiebre minera “de
otras a esta provincia” (De Prado, 1864). En efecto, entre las provincias
afectadas por este movimiento estuvo la de Segovia, en la que hubo una
proliferación de sociedades mineras y registros mineros de 1841 en adelante. Muchas
de estas concesiones se denunciaron por mera especulación, “con la mayor
ceguedad y desconcierto y sin la cooperación de ingenieros ó con ingenieros no
siempre suficientemente hábiles” (De Prado, 1864).
Los
primeros que se sumaron a esta tendencia fueron D. Manuel Morales, D. Pedro
Lequeí y D. Benito Barroso, denunciando en 1841 una mina de hierro en el cerro
de El Mojón (Boletín Oficial de la Provincia de Segovia (B.O.P.S., 07/12/1841).
Este promontorio se sitúa al pie de La Atalaya, en las inmediaciones de la
piscina municipal de Palazuelos de Eresma y el Campo de Fútbol de La Mina, acuñado de esta forma por el pozo minero
que corona el cerro, que también daría nombre a dos posiciones de la
Guerra Civil: “Pozo 1” y “Pozo 2” (De Miguel, 2018).
En 1842, el foco de interés se desplaza a las mineralizaciones más cercanas al cerro de la Atalaya, llamado por aquel entonces cerro de Torreiniesta (Breñosa y Castellarnau, 1884; de Toledo Jáudenes, 2017) o cerro de San Bartolomé (por su proximidad a la ermita de dicho santo, que se situaba al norte del actual embalse del Pontón Alto). A lo largo de ese año, D. Antonio Gómez Parán, D. José Luis de Moragas y D. Baltasar Pastor denunciaron al menos seis minas en conjunto. Entre ellas se encontraba la mina “La Pastora”, cuya importancia en la zona se hará ver con posterioridad.
A las seis minas denunciadas por D. Antonio Gómez Parán y compañía en la zona, debemos sumarle al menos otras 27 concesiones denunciadas entre 1842 y 1843. Algunos de sus propietarios tenían vínculos familiares o estaban asociados entre sí. Entre ellos destacan D. Miguel, D. Francisco y D. Bernando Bernal, quienes se asociaron con D. Esteban Martín para registrar las minas “Vista Alegre”, “La Florida” y “El Cristol”.
Muchas
de estas minas fueron denunciadas especulativamente, sin que se llegaran a
realizar trabajos en sus pertenencias. En los parajes de Siete Arroyos y
Majalajo, pese a su proximidad a importantes restos mineros, no se conocen
restos de actividad minera ni filones mineralizados, por lo que resulta confuso que,
en el artículo del Real Sitio de San Ildefonso del Diccionario de Madoz, se
mencionen varias de estas concesiones como activas:
“…se
benefician 6 minas plomizas argentíferas, con los nombres de Pastora, Florida,
Esperanza, Perfecta y Augusta e Isabel II”, las que han dado resultados
favorables en los análisis hechos en pequeño.” (Madoz, 1846-1850).
Las
labores de algunas de estas minas pudieron desaparecer durante el
abancalamiento de los pinares a mediados del siglo XX o ser aterradas por los
ganaderos; por lo tanto, no podemos negar la presencia de actividad minera histórica
en estos parajes. De entre los topónimos mencionados en la tabla de concesiones, dejando
aparte los referidos a Torreiniesta, tan solo conocemos labores en el Hueco de
la Saúca (donde se situaban las concesiones de plomo y cobre “Esperanza” y “Salud”),
el cerro de La Abierta (donde se situaba la mina “Vista Alegre”), El
Portachuelo (donde se situaba la mina “El Milagro”) y La Torrecilla (donde se
situaba la mina “Flotante”).
Las
minas de cobre “Esperanza” y “Salud” se encontraban en el Hueco de la Saúca
(B.O.P.S., 16/06/1842), en término municipal de Palazuelos de Eresma. Dicho enclave
ha desaparecido de la topografía actual, dejando como único vestigio el nombre
del arroyo que lo atraviesa (arroyo del Hueco). En la bifurcación de dicho
arroyo, a 1350 metros de altitud, se distingue un pequeño saliente en el que
aflora un filón de cuarzo mineralizado con un antiguo pozo de sección rectangular
de aproximadamente seis metros de profundidad. Lo más probable es que este pozo perteneciera a las labores de la
mina “Esperanza”, mencionada por Madoz entre las concesiones “que han dado
resultados favorables en los análisis hechos en pequeño” en las inmediaciones
del Real Sitio de San Ildefonso (Madoz, 1846-1850). En la designación de
pertenencias de la mina de plomo argentífero “Purita”, también en el Hueco de
la Saúca, se hace alusión a un “socavón antiguo” (B.O.P.S., 12/02/1896)
que puede corresponderse con este pozo. Debido a su escasa profundidad no deja
de ser una labor de reconocimiento; sin embargo, su excelente estado de
conservación y el entorno único que lo rodea, limítrofe con el Parque Nacional
de la Sierra de Guadarrama, dotan a este pozo de cierta singularidad.
La
mina “Vista Alegre” se denunció en el cerro de La Abierta (B.O.P.S.,
13/09/1842), conocido en la topografía actual como cerro de La Asperilla, en
término municipal de Torrecaballeros. En la ladera oeste del cerro se encuentra
el paraje de La Mina. Las labores mineras que allí encontramos son
bastante modestas (calicatas en dirección y pocillos de prospección cegados) y
están muy desdibujadas del terreno por la intensa antropización del paisaje
(labores de aterrazamiento y pastoreo). Se trata del grupo de indicios más
septentrional de la zona, ubicado sobre la
misma red de filones de cuarzo que las labores del sur, que en esta región del
mapa apenas presentan mineralización.
El
Portachuelo es el nombre con el que se conoce al collado situado aguas arriba
del arroyo de La Mina o arroyo de La Atalaya, siguiendo la pista de las
Cabroñeras. Está surcado por varias zanjas con dirección NE-SO siguiendo un
filón mineralizado con arsenopirita y piritas alteradas a goethitas botroidales. Estas calicatas pueden corresponderse con las
labores de la mina “El Milagro”, denunciada en 1842 en este punto (B.O.P.S.,
20/10/1842; ver tabla de concesiones).
La Torrecilla es el cerro situado entre el arroyo de La Mina (o arroyo de La Atalaya) y el río Cambrones, en término municipal de Palazuelos de Eresma (De Miguel, com. pers.). Aunque no conste documentalmente la fecha de denuncia de la mina “Flotante”, situada en este paraje, sabemos que pudo efectuarse a principios de la década de 1840, caducando en 1850 y volviéndose a denunciar con este mismo nombre en 1852 (B.O.P.S., 09/08/1852). Cerca de la cumbre del cerro, se conserva un pozo subvertical o rampa que pudo realizarse en el contexto de dicha explotación. En su escombrera observamos numerosos fragmentos del filón de cuarzo abundantemente mineralizado con arsenopirita masiva. Asimismo, este resto podría corresponderse con las labores de la mina de plomo argentífero “El Ánimo”, denunciada por D. Antonio Gómez Parán en El Espartal de la Granjera (véase la tabla de concesiones). Destaca la ausencia de este topónimo en todos los mapas topográficos (desde los de planimetrías de principios del siglo XX hasta los actuales). Posiblemente, se corresponde con las laderas sur y este del cerro de La Torrecilla, donde se sitúa la finca de La Granjera, cuyo nombre deriva de “La Grajera” (de Toledo Jáudenes, 2017).
LA
MINA “LA PASTORA”
En 1851, D. Isaac Pérez
de la Torre, socio fundador de la Sociedad Minera La Segoviana (A.H.P.S.,
Protocolo 3994, fols. 742, 743, 749 y 753) denunció la mina de galena argentífera “La
Pastora” en el cerro de Torreiniesta (B.O.P.S., 31/10/1851). Como vimos con
anterioridad, casi diez años antes, en 1842, varios miembros de esta misma sociedad
(D. Baltasar Pastor, D. José Luis Moragas y D. Antonio Gómez Parán) denunciaron
una concesión con el mismo nombre (B.O.P.S., 02/06/1842; ver tabla de concesiones). Aunque no
quede constancia de ello, probablemente, el registro de la mina caducó en 1850
junto con otras tres denunciadas por D. Antonio Gómez Parán (“Flotante”,
“Augusta” y “Perfecta”; B.O.P.S., 08/05/1850), siendo registrada de nuevo por
D. Isaac Pérez en representación de la Sociedad Minera La Segoviana (B.O.P.S.,
31/10/1851). La denuncia meses después de la susodicha mina “Flotante”
(B.O.P.S., 09/08/1852), suscribiendo la concesión caducada dos años antes (también
propiedad de D. Antonio Gómez Parán) hace dicha situación más plausible.
En 1852, D. Mariano
Bartolomé Ballesteros, teniente alcalde de Segovia y presidente de la Sociedad
Minera La Segoviana tras su fundación en 1841 (A.H.P.S.,
Protocolo 3994, Fol. 749r), solicitó en representación de la Sociedad Minera La
Pastora la construcción de una caseta para los trabajadores de la mina de mismo
nombre, concediéndosele permiso para ello:
“Estando concedido a
D. Mariano Bartolome y demas socios de la mina titulada Pastora, que se halla
comprendida en los Baldios de esta Ciudad adonde dicen el Cerro de
Torreiniesta, el terreno necesario para edificar una caseta que sirva de abrigo
a los trabajadores de dicha mina lo participo a fin de que no impida la
construccion cuidando no le perjudique a los pastos si los hubiere en sus
inmediaciones.” (A.M.S., 1231-75).
Años
después, en la designación de pertenencias de las minas “Roque Barcia”
(B.O.P.S., 29/09/1890) y “Fortuna” (B.O.P.S., 11/05/1894), ambas de “plomo
argentífero” (galena) se haría alusión a una galería perteneciente a la
abandonada mina “La Pastora”: “Se fijará
el punto de partida al final de una alineación de 20 metros N., tirada á partir
de la embocadura de la galería alta que fue de la mina abandonada desde
cuarenta años ó más que se conoce sin derechos vivos, y le llaman “Mina de la
Pastora”…” (B.O.P.S.,
29/09/1890); y en la designación
de pertenencias de la mina de “plomo argentífero” (galena) “Constancia
3ª” en 1902 se tomaría por punto de partida “…un punto situado á 150 metros
al Sur, 30º Oeste de la boca de la galería de la mina Fortuna.” (B.O.P.S.,
28/02/1902). Indudablemente, ambas descripciones hacen alusión a la
galería situada en la confluencia del arroyo de Las Cardosillas y el río
Cambrones, en la ladera sureste del Cerro de Las Cardosillas, frente a Majalajos. Pese a estar en término municipal
de Trescasas, se conoce popularmente como la “mina de plata de La Granja” por
su fácil acceso desde dicho municipio a través de El Portachuelo siguiendo la
pista de Las Cabroñeras. Consta de un pozo subvertical o rampa con la boca
cegada que sigue un filón mineralizado con abundante arsenopirita y una galería
de acceso al pozo de 64 m de longitud (medición realizada por Luis Jordá), siendo
la mina practicable con mayor desarrollo subterráneo de la vertiente segoviana
de la sierra de Guadarrama. En las inmediaciones del pozo superior de la mina, a
apenas diez metros de él, unos acopios de rocas y tejas delatan las ruinas de
la caseta cuya licencia de construcción solicitó en 1851 D. Mariano Bartolomé
Ballesteros. Desgraciadamente, resultan extremadamente difíciles de distinguir
sobre el terreno por su lamentable estado de conservación y el crecimiento de la
vegetación sobre el arranque de los muros.
Sabemos que la mina “La Pastora” estuvo activa al menos desde finales de la década de 1840 a través del Diccionario de Madoz donde, como vimos con anterioridad, aparece citada entre las concesiones “que han dado resultados favorables en los análisis hechos en pequeño” en las inmediaciones del Real Sitio de San Ildefonso (Madoz, 1846-1850). Su singularidad en la vertiente segoviana de la sierra de Guadarrama y su excelente estado de conservación dotan a este conjunto minero de un indudable valor histórico y patrimonial.
LAS
SOCIEDADES MINERAS Y EL CERRO DE LA MATA
A mediados del siglo XIX se constituyeron varias sociedades, algunas de las cuales, como la Sociedad Minera San Antonio, centrarían sus esfuerzos en el cerro de La Mata (Manuel Valdés, 1997). En agosto de 1851 D. José Calzado y D. Francisco Antonio solicitaron en nombre de esta sociedad la explotación de un filón de mil varas (aproximadamente 835 m) en este cerro (A.G.P., Administración Patrimonial del Real Sitio de San Ildefonso, Caja 13793):
“…viendo un puro cuarzo blanco o manchado de
amarillo que ¿darola? cobre, sobre este terreno pretende la
Sociedad hacer sus investigaciones por medio de pozos cuya boca ocupará tres ó
cuatro pies cuadrados, y se abrirán en medio de la cumbre del cerro en el
cuarzo nombrado (…). Si el primer pozo no diera resultado se abrirá otro
cien varas más adelante poco más ó menos y caso que se encuentre mineral acto
continuo se avisara á Su Majestad según dispone la Ley para que se gusta entrar
á la décima parte de los productos, y si no se halla mineral, se avisará
también para la tasación de daños y perjuicios que hubiere causado…” (A.G.P.,
Administración Patrimonial del Real Sitio de San Ildefonso, Caja 13793).
Esta no sería la única sociedad que se sumaría a las
especulaciones originadas por la descripción de los filones de este paraje que
hizo Bowles. En 1854 “D. Leoncio Macragh,, Vice-Presidente de la Sociedad
Minera titulada “La Apreciadora” pide la explotación de la mina aurífera
situada en el cerro de la Mata y punto que llaman del Polborin…” (A.G.P.,
Administración Patrimonial del Real Sitio de San Ildefonso, Caja 13798). También “solicita en nombre de la Junta
Directiva de la misma Sociedad, permiso para construir una pequeña casa á las
márgenes del arroyo que corre á la falda del cerro de que se encuentra la mina,
destinada para almacén, custodia de herramientas y abrigo de los trabajadores,
á bien que se les permita utilizar al mismo fin, unos paredones medio
destruidos, resto de una casa que se hallaba antiguamente en el mismo sitio.”
(A.G.P., Administración Patrimonial del Real Sitio de San Ildefonso,
Caja 13798). El administrador aprobó el
permiso de construcción de la caseta; sin embargo, no permitió que se
aprovecharan los paredones, ya que podían resultar útiles para el Real
Patrimonio (A.G.P., Administración Patrimonial del Real Sitio de San
Ildefonso, Caja 13798).
El 2 de marzo de 1854 D. José Juan
Rivano denunció una “mina
antigua de cuarzo aurífero” en el paraje de La Mata (Boletín Oficial de la
Provincia de Segovia (B.O.P.S., 30/06/1854; A.M.S., 1238-64). Tras abrir una calicata en dicha concesión,
se solicitó permiso a la reina para continuar los trabajos. Al tratarse de una
mina “de origen y nombre desconocido”, el Administrador hizo patente la
necesidad de conocer la posición exacta de la mina por la gran extensión del
paraje de La Mata, cuestionando su posible relación con dos permisos anteriores
en la misma zona (A.G.P., Administración Patrimonial del Real Sitio de
San Ildefonso, Caja 13798):
“…debo poner en consideracion de Vuestra
Excelencia que por Real orden de 28 de octubre último [de 1853] se
concedió permiso para hacer calicatas en el terreno de la Casa de la Mata a D.
Carlos Espinola en busca de una mina; y por otra de 23 de Noviembre del
mismo se concedió a D. José del Campo para laboreo de dos minas auríferas sitas
la una que tituló Perla de oro, en el Cerro de la Casa de la Mata, y la otra
que nombro Rosa de oro Carpetana, en el del Camposanto; pero como el Cerro de
la Mata que se halla frente a la Torre telegráfica tiene bastante estension,
necesita la Administración para poder evacuar el informe que se la pide en
orden de 14 del actual que el D. Juan Jose Navarro manifieste con mayor
exactitud el punto donde se halla la [mina]
correspondiente a su denuncia, para saber si es de las comprendidas en las
referidas concesiones y denuncias anteriores.” (A.G.P.,
Administración Patrimonial del Real Sitio de San Ildefonso, Caja 13798).
El interesado de la mina respondió a dicha solicitud
lo siguiente:
“D. José Juan Navarro en 29 del mismo Marzo dice,
que la mina de que habló en su anterior solicitud se halla en el cerro de las
matas entre el telégrafo y el paseo de la Princesa, y que la calicata se hizo
el dia 28 de febrero último [de 1854] con permiso verbal del
Administrador, quien comunicó para presenciarla al guarda llamado Carboneras;
el cual concurrió y podrá designar fijamente el punto de la calicata que volvió
a quedar cubierta hasta obtener la Real licencia. Segun dice Navarro la tiene
denunciada con el nombre de la Estrella Manchega.” (A.G.P.,
Administración Patrimonial del Real Sitio de San Ildefonso, Caja 13798).
El
Administrador mandó al Director de Cortas y al Aparejador medir la zona, indicando
que todas las calicatas se encontraban comprendidas “en una distancia de 258
varas [cerca de 215 metros] de Sur a Norte (…)”, por lo que se le
concedió permiso para continuar con los trabajos “sin perjuicio de los
derechos que puedan tener los demas particulares ó sociedades que tienen
denunciadas minas en el propio cerro.” (A.G.P., Administración Patrimonial
del Real Sitio de San Ildefonso, Caja 13798).
A
pesar de la intensa actividad minera desarrollada históricamente en el paraje
de La Mata, al encontrarse en terrenos pertenecientes al Real Patrimonio se
obligó a los propietarios de las minas a tapar todas las labores que desarrollaron
sobre el cerro. En el siglo XX, desestimando la presencia de oro en los filones
del cerro, se abrieron varias zanjas en dirección SW-NE para aprovechar el
cuarzo como firme de los caminos circundantes. Estas excavaciones se encuentran
dentro del recinto del Centro Nacional de Recursos Genéticos Forestales de
Valsaín; sin embargo, no tienen relación aparente con la minería que en este
artículo nos ocupa.
EL
OCASO DE LA ACTIVIDAD MINERA EN LA ZONA
Durante la segunda mitad del siglo XIX se vivió un breve periodo de inactividad en la zona durante el cual, a pesar de todo, hubo algunas denuncias mineras. En la última década del siglo XIX aparece la Sociedad Minera La Unión (con el mismo nombre que la anterior sociedad de la década de 1850), cuyo objetivo era explotar las minas de las inmediaciones del cerro de la Atalaya. Sabemos que la mina “Fortuna”, propiedad de este Sociedad, estuvo activa a través de un informe sobre el hallazgo de un cadáver el 3 de febrero de 1896 en el fondo de un pozo que puede corresponderse con uno de los socavones tapados del fondo del valle del arroyo de La Mina:
“En la mañana del martes los operarios que trabajan en la mina Fortuna, sita en termino de Palazuelos encontraron en el fondo de un pozo que mide 27 metros de profundidad los huesos esparcidos de un esqueleto.” (El Carpetano, 06/02/1896).
Durante esta época (finales del siglo XIX y principios del siglo XX), numerosos particulares se aventuraron a denunciar minas en la zona; sin embargo, ninguna resultó ser rentable económicamente para sus propietarios. En 1907, la Sociedad Minera La Unión dejó de pagar el canon de superficie de las minas, con la consecuente caducidad de los registros de sus concesiones (El Porvenir Segoviano. Diario de Avisos de Segovia, 15/03/1907), acabando por disolverse en 1919 (B.O.P.S., 02/06/1919). Ese mismo año, D. Jesús Velasco Criado denunciaría en representación de D. Guillermo Cabrera Navarro una mina de hierro en el paraje de La Mata con el nombre de “Victoria Eugenia” (B.O.P.S., 02/06/1919). Curiosamente, esta concesión, denunciada en el paraje donde comenzó la actividad minera en la zona, se convertiría en el último registro del que tenemos constancia.
Entre las décadas de 1960 y 1990, empresas mineras como San Albín S.A. o CHARTER comenzaron sus trabajos de investigación en torno a las mineralizaciones del cerro, realizando algunos sondeos. Sin embargo, no se vio salida a su explotación por su escasa rentabilidad económica.
AGRADECIMIENTOS
El autor desea expresar su
agradecimiento a su padre, el geólogo Andrés Díez Herrero (IGME, CSIC) y al
historiador Carlos de Miguel (CENEAM, OAPN), por su continuo apoyo en la
realización del presente artículo, mostrándole gran parte de las labores
mineras mencionadas en el texto, acompañándole en su búsqueda y facilitándole sus
extensos conocimientos acerca de la zona de estudio. A su madre, la
historiadora Guadalupe de Marcelo, por facilitar la labor archivística y ayudar
en la búsqueda e interpretación de los documentos. Al personal del Archivo
Municipal de Segovia, el Archivo General de Palacio, el Archivo General de
Simancas, el Archivo Histórico Provincial y el Archivo Histórico Nacional. A
Luis Jordá por realizar la topografía de la galería de la mina “Pastora” y a Javier
González por ofrecer la información de la que disponía. Por último, gracias a Juan
Arribas, Alejandro Gómez, Juan José Martín, Javier Zamarrón y Rodrigo Piquero, amigos
del autor, por acompañarle en sucesivas salidas de campo en busca de las
labores mineras.
Autor: Rodrigo Díez Marcelo
ARTÍCULO COMPLETO
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